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Replantearnos la rigidez constitucional

Replantearnos la rigidez constitucional

Cada 5 de febrero cuando se conmemora la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917 diversos juristas se pronuncian sobre el exceso de reformas a la misma, mientras que otros se limitan a señalar que basta con respetarla sin importar sus modificaciones.

En Derecho, se consideran “rígidas” aquellas Constituciones cuyo procedimiento para ser reformadas o adicionadas resulta más complejo que el empleado para reformar las leyes ordinarias, en el caso mexicano el artículo 135 Constitucional prevé un procedimiento rígido mismo que se explica a continuación:

Ahora bien, no es un secreto que en México para las diversas fuerzas políticas la rigidez no representa un “filtro” eficaz para llevar a cabo constantes reformas y adiciones a la Constitución, mismas que ni siquiera obedecen a una evolución o progresividad de los derechos e instituciones, sino por el contrario, que la mayoría de las veces atiende a intereses del partido en el poder, cuestiones populistas e incluso regresivas.

Algunas voces se han pronunciado en el sentido de señalar que se trata de una aspiración legitima de los gobernantes el modificar la Constitución conforme a sus proyectos de nación, incluso que “siempre ha sido de ese modo”. Lo anterior considero que son falacias, puesto que la razón de ser de la rigidez no se limita a complicar el procedimiento de reformas y adiciones, sino preservar los derechos de los gobernados y asegurar una constante progresividad de estos, así como asegurar una sana evolución de las instituciones, lo que muchas veces es complicado debido a los constantes cambios sociales, culturales, económicos y políticos en el mundo. De este modo pues, reformar la Constitución con otros fines contraviene a su propia Supremacía y se incurre en un tremendo fraude a la Constitución y a la democracia.

La rigidez es cuestión de supremacía

Asimismo, resultaría iluso pensar que basta con la buena voluntad de la clase política para garantizar el respeto del orden constitucional, no debemos confundir el “deber ser” con el “ser”, las Constituciones existen históricamente entre otras razones, para limitar al poder ¿Qué clase de limites queremos?, ¿Qué certeza nos brinda un texto normativo “supremo” que cambia constantemente?

Dicho lo anterior, es indispensable que en el pensamiento político mexicano se abata aquella idea de normalizar las grandes reformas y adiciones constitucionales que se presentan cada sexenio, y con mayor vigor aquellas que se proponen a raíz de resoluciones desfavorables, como es el reciente caso del Presidente López Obrador en relación a las suspensiones en contra de la reforma a la Ley de la Industria Eléctrica situación que debe ser “bandera roja” en el sistema democrático mexicano.

Es por lo aquí comentado que, sin duda es indispensable replantearnos la rigidez de nuestra Constitución pues en parte de ello depende preservar los derechos y garantías que tantos año y conflictos han costado para que fueran reconocidas.

En algunos países como Estados Unidos de América, Colombia y España -por señalar algunos- se prevé además de un procedimiento rígido como el mexicano la necesidad de realizar un referendo que ratifique las reformas constitucionales, incluso la propia constitución establece que partes de ella no podrán ser reformados bajo ningún motivo.