¿Necesitamos una nueva Constitución?

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Escribo estas líneas con motivo del 103 aniversario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, misma que a la fecha ha tenido diversas reformas a través de 240 Decretos de los cuales derivan 741 cambios al contenido de nuestra ley suprema.

Ante lo anterior surgen las siguientes interrogantes:

  • ¿Tenemos una Constitución coherente enserio?
  • ¿En verdad queremos una ley suprema que pueda ser modificada –a modo- al menos cada seis años?
  • De las reformas que se han realizado a la Constitución ¿Cuántas en verdad son progresivas?
  • ¿Las disposiciones actuales garantizan la independencia judicial?
  • ¿Las disposiciones actuales garantizan la independencia de los Órganos Constitucionales Autónomos?
  • La integración del Poder Legislativo ¿garantiza la representatividad de la ciudadanía?
  • Derivado de los criterios de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (interpretando los artículos 1 y 133 constitucionales entre otros) ha determinado que en la Constitución válidamente se pueden establecer restricciones a derechos humanos ¿Qué restricciones estamos dispuestos a permitir?
  • ¿Con que medios de control constitucional contamos para evitar que la Constitución sea reformada de manera indiscriminada y con proyectos regresivos?
  • ¿Nuestra Constitución necesita un proemio?
  • ¿Sería conveniente que nuestra Constitución fuera tan extensa?
  • ¿Es momento de, como lo ha sugerido la UNAM contar con “Leyes de Desarrollo Constitucional”?
  • ¿Cuál es la conveniencia de contar con normas únicas e instituciones centralizadas?  

Como afirma el Diputado Federal Porfirio Muñoz Ledo “solamente quienes no están enterados dicen que no es necesaria una nueva Constitución.” Y comúnmente quienes se oponen a un nuevo ordenamiento constitucional recurren a las ya conocidas falacias de decir “no estamos listos”, “no es el momento político indicado”, etc.

Por otra parte, el ex Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Diego Valadez expresó que “no es conveniente una nueva Constitución, ya que no existe ninguna ventaja que se pueda alcanzar con una nueva, que no sea susceptible de conseguirse también con la actual.” Lo cual expone una verdad innegable, es más fácil reformar la constitución completa (en partes) que emitir una nueva.

A lo anterior no habría que negar el trabajo realizado en la Ciudad de México para la elaboración de su primera Constitución, muestra de que pese a la poca estima que pareciera existir entre mexicanos respecto de nuestra capacidad de organización y cooperación, es posible alcanzar acuerdos políticos para la creación de nuevos ordenamientos (perfectibles como siempre, pues son creación humana, no obstante producto del trabajo y no consecuencia de la omisión).

En otro orden de ideas, Héctor Fix-Fierro atinadamente señala que “un texto constitucional tan reglamentario obstaculiza la adopción de decisiones de política pública a través de la interpretación constitucional, tanto jurisprudencial como legislativa. Que las decisiones importantes queden plasmadas detalladamente en el texto constitucional implica reforzar la capacidad de veto de las minorías, al tiempo que se desalienta el funcionamiento normal de una democracia fundada en las decisiones de la mayoría” por ello y atendiendo a otras razones, el opta por una renovación del texto constitucional actual, puesto que iniciar el debate de temas como modelo de Estado o de Gobierno no permitiría el consenso político, aunado a que “aunque parezca paradójico, el mecanismo democrático del consenso y la negociación puede tener efectos antidemocráticos cuando se utiliza para restringir o bloquear decisiones mayoritarias a través del texto constitucional”.

Derivado de lo anterior, cabe recordar aquello que señalaba Patrick Henry, el decía que “La Constitución no es un instrumento para que el gobierno controle al pueblo, es un instrumento para que el pueblo controle al gobierno” vale la pena cuestionarnos si nuestra Constitución cumple dicho propósito o bien, si actualmente se encuentra limitada, para ello es importantísimo reflexionar en torno a la independencia judicial, puesto que de poco serviría tener un texto constitucional casi impecable, si se descuida al poder encargado de interpretar nuestra máxima norma, porque como coloquialmente se dice entre abogados “La constitución, dice lo que la Corte dice que dice” y ¿Quién es la Corte?, ¿Sigue siendo conveniente para nuestra democracia constitucional el proceso de selección de ministros?, ¿Qué papel debería tener el Consejo de la Judicatura?

¿Necesitamos una nueva Constitución? Considero que sí, pero para ello primero habría que fortalecer nuestro sistema de restricción de derechos humanos, rigidez constitucional y sentar las bases para su creación en la actual constitución (si en verdad queremos mejorar el sistema de una manera ordenada).

Y finalmente siguiendo un poco las líneas de la famosa serie televisiva Breaking Bad:

“Alguien tiene que proteger a la Constitución de las personas que se encargan de protegerla.”

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